21 de mayo de 2026

Lucía Maesso Corral

Patrona de la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno

Natural de Badajoz, Lucía Maeso inició su trayectoria en el mundo de la ganadería a los 17 años, trabajando junto a su padre en las ganaderías familiares. Ingeniera Técnica Agrícola y presidenta de la AECERIBER, ha dedicado más de 38 años al campo y a una forma de entender la ganadería ligada al territorio, la sostenibilidad y la preservación de las razas autóctonas.

“El campo no es solo una profesión, es una forma de vida”, afirma. Una convicción que ha marcado su trayectoria personal y profesional, siempre comprometida con la biodiversidad, el conocimiento tradicional y el valor de un mundo rural vivo.

¿Cómo y cuándo comenzó su vinculación con la Fundación Ricardo Delgado Vizcaíno, y qué le motiva personalmente a formar parte de este proyecto? 

Mi incorporación al Patronato se produjo hace dos años, coincidiendo con mi entrada en el Consejo Rector de COVAP. Aunque mi presencia en estos órganos es reciente, soy socia de la cooperativa desde hace tres décadas. Siempre he sentido una profunda admiración por COVAP: el papel que ha desempeñado desde su nacimiento y su evolución, son el mejor ejemplo de que la unión ha sido una gran fortaleza para dar valor al territorio, al campo, a sus gentes y, por supuesto, a las producciones de sus socios.

Me impresiona profundamente la visión de aquel grupo de ganaderos, liderado por don Ricardo Delgado Vizcaíno. La gestión responsable y sostenida de quienes han estado al frente de la cooperativa a lo largo de estos 67 años, junto con el esfuerzo y la dedicación de tantos ganaderos, ha dado lugar a lo que hoy es COVAP: “la primera cooperativa de primer grado de España.”

Formar parte del Patronato es para mí una enorme ilusión. La Fundación representa la voluntad de devolver a la sociedad parte de lo que esta tierra ha generado, promoviendo cultura, conocimiento y oportunidades. Poder contribuir a ese propósito es un honor y una responsabilidad que asumo con entusiasmo.

 

Desde su experiencia dentro del Patronato, ¿qué cree que hace especialmente valiosa la labor de la Fundación en la vida social y cultural del territorio? 

La Fundación es valiosa porque está presente en la vida cotidiana de la gente. No es una institución distante: es una entidad que entra en las escuelas, en las plazas, en los teatros, en los centros de formación, en los hogares. Sus actividades llegan a niños, jóvenes, mayores, familias, profesionales… y lo hacen con un propósito claro: enriquecer la vida cultural y social de nuestras comarcas. 

Creo que su mayor valor es que actúa como un puente entre tradición y futuro. Respeta profundamente la identidad del territorio, pero al mismo tiempo impulsa nuevas ideas, nuevas oportunidades y nuevas formas de aprender y participar. Esa combinación es lo que la convierte en un referente.

 

¿Qué valores considera que siguen marcando hoy el trabajo de la Fundación y cómo se trasladan a sus proyectos? 

Los valores que guiaron a don Ricardo Delgado Vizcaíno siguen siendo el corazón de la Fundación: honestidad, integridad, esfuerzo, visión de futuro y compromiso con la tierra. Él imaginó un futuro mejor para los ganaderos y tuvo la capacidad de unir voluntades, superar obstáculos y construir un proyecto colectivo que hoy es motor económico y social de toda la zona.

Esos valores se reflejan en cada iniciativa de la Fundación: en la apuesta por la educación, en la promoción de hábitos de vida saludable, en la difusión cultural, en la defensa del patrimonio natural y en la creación de oportunidades para los jóvenes. Todo se hace desde la convicción de que el progreso debe ser compartido y que la cultura y el conocimiento son herramientas de transformación.

 

¿Qué iniciativas destacaría por su impacto en el territorio o por su significado personal? 

Me resulta difícil elegir, porque todas responden a necesidades reales del territorio. Pero destacaría:

  • El Centro Universitario de Desarrollo Agroalimentario, que acerca formación superior especializada a un entorno rural que la necesita para seguir avanzando.
  • Los campamentos agroalimentarios y las actividades educativas, que despiertan vocaciones y fortalecen el vínculo de los jóvenes con el campo.
  • Las conferencias y jornadas divulgativas, que acercan conocimiento de primer nivel a nuestros pueblos.
  • Los proyectos culturales, como Pianos en la calle, el Concierto de Navidad o la edición de libros, que llenan de vida y de arte nuestras calles y plazas.

A nivel personal, me emociona especialmente todo lo que tiene que ver con la dehesa, un ecosistema que compartimos Extremadura y Andalucía, y cuya preservación es esencial para nuestro futuro.

 

¿Qué retos considera más importantes de cara a los próximos años, especialmente en relación con los jóvenes y el futuro de nuestras comarcas? 

El reto principal es atraer y retener talento joven. Para ello necesitamos formación especializada, oportunidades laborales reales, innovación en el sector agroalimentario y una visión moderna del medio rural. Los jóvenes deben sentir que quedarse en el territorio no es una renuncia, sino una elección de futuro.

También debemos seguir avanzando en sostenibilidad, digitalización, circularidad del agua y adaptación al cambio climático. La Fundación puede ser un agente clave para acompañar a las nuevas generaciones en este camino.

 Y no olvidemos el papel fundamental y decisivo de las diferentes administraciones para poder tener unos territorios con infraestructuras esenciales que condicionan la vida diaria y el desarrollo económico: red de carreteras, transporte público regular y eficiente, cobertura digital de calidad, infraestructuras sanitarias, servicios educativos, infraestructuras hidráulicas, equipamientos sociales y culturales, infraestructuras energéticas, servicios administrativos cercanos, apoyo a la actividad económica.

Además de su papel en el Patronato, usted está muy vinculada al mundo ganadero, siendo además presidenta de Aeceriber. ¿Cómo ha influido esa experiencia profesional y vital en su manera de entender el compromiso con el territorio? 

Mi vida profesional y personal siempre ha estado ligada al campo y a la ganadería. Conozco de primera mano el esfuerzo, la incertidumbre y la pasión que hay detrás de cada explotación. Esa experiencia me ha enseñado que el territorio no es solo un lugar: es una forma de vida que se sostiene gracias a la dedicación de miles de familias.

Ser presidenta de Aeceriber me ha permitido tener una visión más amplia del sector y comprender la importancia de la formación, la innovación y la unión entre productores. Todo ello refuerza mi compromiso con la Fundación, porque sé que su labor contribuye a fortalecer ese tejido humano y productivo que sostiene nuestras comarcas.

El relevo generacional es una de las grandes preocupaciones del medio rural y agroalimentario. ¿Es optimista respecto al futuro? ¿Qué cree que necesitan los jóvenes para decidir quedarse o emprender en el campo?

Soy moderadamente optimista. Tenemos un sector con un enorme potencial, un producto de altísima calidad y un territorio con identidad propia. Pero para que los jóvenes apuesten por él necesitamos:

  • Formación técnica y universitaria accesible.
  • Rentabilidad y estabilidad en las ganaderías.
  • Innovación y digitalización que hagan el trabajo más eficiente.
  • Reconocimiento social del valor del campo.
  • Servicios y calidad de vida equiparables a los entornos urbanos.

Si somos capaces de ofrecerles un proyecto vital completo, muchos jóvenes elegirán quedarse. Y la Fundación tiene un papel clave en ese proceso.

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